
Grupo L y CONICET avanzan en innovación sustentable: proteínas alternativas a partir de subproductos vegetales

La compañía, recientemente instalada en el distrito Rodeo de Iglesia, San Juan, afianza su compromiso con la economía circular y la investigación científica aplicada, de la mano de un acuerdo con el CONICET para transformar descartes alimentarios en insumos de alto valor nutritivo.
En un paso que combina ciencia, sustentabilidad y desarrollo territorial, Grupo L y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) firmaron un acuerdo de transferencia de materiales para impulsar la reutilización de subproductos de la industria alimentaria en la elaboración de proteínas alternativas.
El convenio contempla la entrega de 300 litros de aquafaba —agua resultante de la cocción de lentejas y porotos— por parte de Grupo L al equipo del CONICET, para el desarrollo de ingredientes proteicos en polvo que podrán aplicarse en la industria de alimentos veganos, sin gluten y libres de crueldad animal.
El valor del aquafaba en la innovación alimentaria
La aquafaba concentra saponinas y proteínas con propiedades emulsionantes, espumantes y aglutinantes, características que la posicionan como una alternativa eficiente a la clara de huevo. Su aprovechamiento abre la puerta a la producción de alimentos destinados a consumidores con intolerancias alimentarias y a quienes eligen dietas basadas en plantas.
La materia prima será destinada al trabajo de tesis doctoral de María Eugenia Golzi, investigadora del Centro de Investigación y Desarrollo en Ciencia y Tecnología de los Alimentos (CIDCA), organismo dependiente del CONICET, la Universidad Nacional de La Plata y la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires.

San Juan como nuevo polo de producción sustentable
El acuerdo adquiere un valor estratégico para San Juan, donde Grupo L instaló recientemente una planta en el distrito Rodeo de Iglesia, afianzando la presencia de capitales nacionales. Esta expansión no solo refuerza la capacidad productiva de la compañía, sino que también abre oportunidades para la vinculación de la provincia con proyectos de innovación sustentable de alcance nacional.
Desde esta nueva base, Grupo L busca fortalecer su aporte al desarrollo local y regional, alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y con su adhesión al Pacto Global de la ONU, donde la reducción del desperdicio y el impulso de modelos de economía circular ocupan un rol central.
Sustentabilidad y triple impacto
El aprovechamiento de descartes como la aquafaba es un ejemplo concreto de cómo lo que antes era considerado residuo puede transformarse en materia prima para nuevos productos con valor agregado e impacto social.
Cada año, en el mundo se descartan más de 1.000 millones de toneladas de alimentos. Frente a este desafío, la alianza entre Grupo L y el CONICET se presenta como una respuesta práctica y científica, capaz de generar soluciones aplicables en la industria nacional.
Grupo L: innovación, calidad y escala productiva
La compañía, de capitales 100% argentinos, produce anualmente más de 72 millones de raciones cocidas y 158 millones de raciones crudas, abasteciendo a más de 2.500 establecimientos en todo el país. Su infraestructura incluye 5 plantas elaboradoras, 6 centros de distribución, 8 unidades de negocio y 21.600 m² de depósitos con racks semiautomáticos.
Además, Grupo L se destaca por contar con la mayor dotación de nutricionistas en la Argentina y un laboratorio propio de análisis de alimentos, fundamental para garantizar la inocuidad y el cumplimiento de las normas ISO 9001, ISO 14001 e ISO 22000.
Con más de 7.000 colaboradores y una red de 1.600 proveedores, la empresa trabaja con un enfoque de triple impacto: económico, social y ambiental.
Ciencia aplicada con impacto social
El convenio firmado refuerza la importancia de la cooperación entre el sector privado y la investigación pública. Mientras Grupo L aporta escala industrial, logística y capacidad de gestión, el CONICET brinda conocimiento científico y desarrollo tecnológico.
El resultado esperado es un ingrediente proteico alternativo, innovador y sustentable, que puede tener gran proyección en los mercados locales e internacionales.


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