Biopellet en base a compost: la revolución sustentable que busca transformar el suelo sanjuanino

Un biofertilizante desarrollado por el INTA y el Conicet apuesta a regenerar suelos, reducir el uso de químicos y posicionar a San Juan como referente en agricultura sustentable, combinando economía circular, innovación tecnológica y microorganismos nativos

AGRICULTURA17/01/2026Victor GarciaVictor Garcia
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La materia prima del pellet es el compost

Emanuel Ontivero, biólogo del Conicet y del INTA, lidera el desarrollo de un innovador biofertilizante que combina la economía circular con el uso de microorganismos nativos para potenciar la producción agrícola.

El proyecto Biopellet surge como una respuesta integral a las demandas de la agricultura moderna: la necesidad de regenerar suelos agotados y la urgencia de alejarse de los fertilizantes químicos y el uso de estiércol crudo, que es común su uso en la producción de la zona. Este desarrollo fue uno de los 10 seleccionados por el gobierno de San Juan para recibir un Aporte No Reembolsable (ANR) destinado a financiar su transformación en una startup.

 El valor diferencial: microorganismos nativos
A diferencia de otros fertilizantes, el Biopellet no solo aporta materia orgánica. Según explica Ontivero, quien trabaja hace una década con microorganismos del suelo, lo esencial clave está en la incorporación de estos agentes biológicos recolectados y reproducidos localmente.

Resistencia climática: Los microorganismos ayudan a las plantas a enfrentar la sequía, las heladas y diversas enfermedades.

Mejora del rendimiento: Actúan como una herramienta natural para que el cultivo mantenga su productividad incluso ante la escasez hídrica.

Sustitución de químicos: Ofrece los beneficios de un fertilizante tradicional sin el impacto negativo de la contaminación de suelos y fuentes de agua.

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Residuos orgánicos son la materia prima para la generación del compost 

El formato que "revoluciona el manejo"
Uno de los puntos en los que Ontivero hace mayor hincapié es en la practicidad del producto. El formato de pellet facilita enormemente las tareas del productor.

“El formato pelletizado revoluciona el manejo: es más práctico para el productor y asegura la distribución homogénea en el campo”, destaca Ontivero.

Además, este formato permite optimizar el transporte y almacenamiento, superando las limitaciones logísticas de otros bioinsumos líquidos o a granel.

Economía circular y seguridad sanitaria
El proceso de fabricación de Biopellet se basa en el compostaje de residuos orgánicos de la agroindustria, trabajando en conjunto con el Parque de Tecnología Ambiental Anchipurac. Este enfoque no solo promueve la economía circular, sino que resuelve un problema crítico: el uso de guano crudo.

 Ontivero advierte que el uso de estiércol de gallina sin tratar está prohibido por las normativas de Buenas Prácticas Agrícolas debido al riesgo de patógenos, virus y bacterias que pueden transmitirse al ser humano a través de hortalizas que se consumen crudas. El Biopellet elimina este riesgo mediante el proceso de compostaje controlado.

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El producto que se puede aplicar a la tierra y mejorar los sistemas de producción

Un mercado con alto potencial
El proyecto ya ha sido validado con éxito en cultivos de tomate para industria, lechuga, vid y forrajes. Según los estudios económicos realizados por el equipo, el Biopellet es altamente competitivo:

Costos bajos: Tiene un costo de producción menor o similar al de los productos sintéticos, con la ventaja de no degradar el ambiente.

Alcance en la región: El mercado inicial en Cuyo abarca más de 345.000 hectáreas, con la posibilidad de extenderse a todas las regiones áridas y semiáridas del país.


Exigencias internacionales: Los mercados externos, como la Comunidad Económica Europea, son cada vez más restrictivos con la trazabilidad de agroquímicos, lo que posiciona al Biopellet como una herramienta estratégica para la exportación.

Con este impulso, el equipo del INTA y Conicet apunta a escalar la producción hacia una planta de gran capacidad para abastecer tanto a mercados locales como internacionales, consolidando a San Juan como un polo de agricultura regenerativa.

 

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