
El Chef Mauricio Barón volvió a Barreal con el fuego encendido del esfuerzo y la pasión
Victor GarciaDesde el momento en que se lo propusieron, dijo que sí, sin ningún tipo de problemas. Se le llenaron los ojos de alegría y seguramente pensó que era una buena oportunidad para dar una mano. Como hombre de buena ley, se comprometió y, como siempre lo hace, apostó a que sus acciones dejen una huella.
Sin dudas, estamos hablando del chef internacional Mauricio Barón, cuya acción educativa fue declarada de interés educativo por el Concejo Deliberante del Municipio de Calingasta. Mauricio ofreció una serie de charlas en distintos cursos del Colegio Jesús de la Buena Esperanza, en Barreal.
El momento más emocionante de su recorrido por el distrito fue cuando, en la noche del jueves, durante un acto en homenaje a la Identidad Cultural, los concejales Heber Tapia, Patricia Castillo y Juan Sebastián Ramos le entregaron una copia de la resolución que declaraba de interés educativo su actividad. También dejaron una copia para las autoridades del turno mañana del mismo colegio. Como cierre, el chef Barón cocinó un tradicional tomaticán, que compartió con los alumnos, docentes y autoridades presentes.
En su historia, Barón llevó este plato típico fuera del país y, recordando las raíces ibéricas que conforman la identidad sanjuanina, lo presentó en España como un símbolo que une la nostalgia y la tradición argentina con las raíces europeas que corren por las venas de todos los sanjuaninos.
Desde la génesis hasta la ejecución
La idea de llevar a personas destacadas de la comunidad hasta Calingasta, para motivar a los estudiantes con ejemplos de vida, fue de la profesora de Inglés, María Verónica Zalazar. Ella entiende que con esfuerzo se puede llegar lejos, especialmente en una zona de turismo internacional y desarrollo minero, donde resulta esencial estudiar y hablar inglés como segunda lengua.
Conociendo la trayectoria de Mauricio Barón y su rol como promotor de San Juan como destino turístico, lo invitó a participar en esta iniciativa. El chef, con su humildad y generosidad características, aceptó de inmediato y comenzó a planificar su regreso a Barreal, un lugar que no visitaba hacía más de 15 años.
No solo buscaba hacer algo por los estudiantes, sino también aportar su tiempo como parte de su compromiso social. Así, el miércoles al mediodía llegó en colectivo, se hospedó y fue directo a la Granja Pedagógica de la Universidad Católica, ubicada sobre la calle Julio Argentino Roca.
Allí combinó una charla motivacional con una clase práctica de cocina, donde preparó cuatro puntas de espalda donadas por la empresa Don Pocholo, de Alfredo Amín, del distrito de Calingasta, quien también colaboró de manera desinteresada por esta iniciativa para los estudiantes de Barreal. Desde San Juan Produce, acompañamos en la medida de lo posible el trabajo de Barón, quien sembró en los estudiantes la semilla del esfuerzo.
“Siempre digo que no tenemos techo. Chicos, ustedes son los que se ponen su propio techo”, les repitió varias veces a los jóvenes que lo escuchaban atentos.
El fuego se encendió a las 14:00 y, mientras se formaban las brasas, Barón comenzó su relato de vida. Dos puntas de espalda se cocinaron a las llamas y las otras dos a la parrilla. Fue el momento perfecto para compartir.
Una historia de esfuerzo y pasión
Contó que su amor por la cocina nació a los ocho años, cuando ayudaba a su padre, asador en la legendaria parrilla “Las Leñas” de San Juan. Más tarde, mientras cursaba Administración de Empresas en la UNSJ, una grave afección cardíaca lo obligó a someterse a una cirugía y le colocaron una válvula mecánica.
Los médicos le prohibieron el deporte y la cocina, pero él respondió con determinación:
“Si me sacan de la cocina, voy a ser un muerto en vida”.
A partir de entonces, se formó con pasión y llegó incluso a ser docente de sus propios maestros.
Los alumnos del colegio escuchaban con atención, muchos grabando o tomando notas. Barón les habló también de cómo se ganó un nombre en la gastronomía nacional llevando la “punta de espalda” a distintos escenarios culinarios, lo que le valió el apodo de “El Rey de la Punta de Espalda” y su participación en el programa “Cocineros Argentinos” fue la que le abrió las puertas del país y de algunos países vecinos..
También participó en campeonatos internacionales y en el récord Guinness de 11.000 pizzas y empanadas elaborado en Buenos Aires, reconocimiento que muestra con orgullo.
Durante la pandemia del COVID-19, la crisis golpeó su empresa gastronómica. “Tuve que cerrar, le pagué a mis empleados y me fui a México”, contó. “Iba por un mes y me quedé dos años.” Allí trabajó en uno de los restaurantes más importantes del país, donde incluso tuvo que moverse con guardaespaldas por temas de seguridad.
Entre risas, relató anécdotas de aquel tiempo, pero también dejó una enseñanza:
“Mientras la gente disfruta, nosotros trabajamos. La atención al cliente es clave. Si se va contento, deja una buena propina.”
El encuentro terminó con una degustación de las puntas de espalda y del tomaticán preparado por Barón. También hubo un gesto especial para una alumna celíaca, a quien el chef sirvió personalmente un trozo de carne separado del resto.
El cierre fue con fotos, abrazos, partidas de truco y un clima de emoción compartida entre alumnos y docentes.
Con los estudiantes del Instituto Saint Louis
La actividad continuó en la Escuela de Educación Especial, donde el chef compartió su historia con estudiantes del Instituto Saint Louis. Su relato emocionó a todos y despertó más de una lágrima.
“No tenemos techo para crecer, el techo nos lo ponemos nosotros”, repitió, dejando un mensaje de esperanza y superación para la división de Adult 1 de dicho instituto.
Un jueves de reconocimiento
La última charla fue nuevamente en el Colegio Jesús de la Buena Esperanza, con alumnos del turno noche. Allí recibió la resolución del Concejo Deliberante que declaraba de interés educativo su actividad en Barreal.
“Esto para mí es muy importante, es la primera vez que me hacen un reconocimiento en San Juan”, expresó visiblemente emocionado ante los aplausos de los presentes.
Para reflexionar
“Cuando se quiere, se puede”, dice el refrán popular, y la vida de Mauricio Barón es un ejemplo de esfuerzo, pasión y trabajo.
Su mensaje final resume su filosofía de vida:
“Vamos nene, vamos nene, que se puede.”


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