El milagro del vino en Rodeo: una escuela rural gana premios nacionales sin infraestructura propia

Con ingenio, trabajo comunitario y el compromiso de docentes y alumnos, la Escuela Agrotécnica Cornelio Saavedra de Rodeo elabora vinos de altura premiados a nivel nacional. El proyecto, impulsado por el enólogo Nicolás Argüello, demuestra que la pasión y el conocimiento pueden superar cualquier limitación.
INDUSTRIA Y COMERCIO11/07/2026Victor GarciaVictor Garcia

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La vendimia, corazón de la fiesta de la cosecha de la uva.

En el corazón de Rodeo, en el departamento de Iglesia, la Escuela Agrotécnica Cornelio Saavedra no solo educa a las futuras generaciones, sino que ha logrado una hazaña que combina ciencia, perseverancia y una pizca de locura creativa: producir vinos de altura de nivel internacional sin contar con una infraestructura propia. Esta historia tiene como protagonista a Nicolás Argüello, un enólogo y docente que hace ocho años llegó a la institución para cambiar su destino productivo. La iniciativa no surgió de un gran presupuesto, sino de un desafío directo del director Miguel Díaz, quien plantó la semilla de la duda en la mente de un profesional inquieto.

Argüello relata que el inicio fue casi fortuito. "Nicolás, vos sos el culpable de que la escuela Cornelio Saavedra tenga vinos", le dicen a menudo, recordando aquel momento en que el director lo increpó: "Si vos sos enólogo, me tenés que hacer vino con los alumnos". Sin embargo, la realidad de la escuela estaba lejos de ser la de una bodega equipada. Ante la falta de laboratorio, levaduras y equipos, la primera reacción del docente fue de incredulidad, pero la respuesta del director fue el motor que lo impulsó a intentarlo: "Mira, si los viejos de Angualasto hacen vino patero sin nada, vos como enólogo te tiene que salir mejor", volvió a repetir el director con tono un poco imperativo.

Aquel primer intento, realizado con un mosto blanco y bajo una gran incertidumbre, marcó el comienzo de un camino hacia la excelencia técnica. Argüello decidió que la escuela no haría simplemente "vino patero", sino "vinos técnicos". Para lograrlo, transformó su aula en un espacio de experimentación científica, adaptando la materia de química analítica para que los alumnos de sexto primera aprendieran a realizar análisis químicos precisos. "Nosotros necesitamos un laboratorio, hacemos con los alumnos de sexto primera, los análisis químicos, les he adaptado química analítica para enseñarles a hacer ensayos químicos... donde determinan específicamente qué le falta o qué le sobra a esos vinos", explica el profesor sobre el rigor que le imponen al producto.

La falta de infraestructura se suplió con ingenio y con la colaboración de la comunidad de Iglesia. Sin una bodega propia, la producción de la escuela se convirtió en una gesta colectiva: la Asociación de Vinos Caseros y Artesanales de Angualasto presta la despalilladora; otra productora local, Quilpatay, cede los cajones; y los alumnos son trasladados en vehículos particulares para realizar las tareas de campo. "No tenemos una bodega en sí constituida, es préstame un tachito de acá, préstame la despalilladora... llevamos los alumnos en vehículos particulares, o sea, es todo una hazaña y recibir todas estos premios nos llena de orgullo", confiesa Argüello.

El diferencial de estos vinos, bautizados como "Saavedra Wayin", radica en las condiciones extremas de su lugar de origen. La amplitud térmica de Rodeo, con veranos de sol intenso y noches muy frías, obliga a la uva a defenderse de una manera única. "En Rodeo hay mucho frío y la uva es un ser vivo. Y como todo ser vivo, ¿qué hace cuando tiene frío? Se abriga. Esta engrosa la piel", detalla el enólogo. En esa piel más gruesa se concentran los antocianos, los sabores y los colores, dando como resultado vinos intensos y concentrados, sin necesidad de intervenciones artificiales.

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Entre aprendizaje y placer los chicos se forman en la elaboración de vinos de calidad.

El éxito educativo y productivo se tradujo pronto en reconocimientos oficiales. Al tercer año de producción, -la tercera vendimia- la escuela obtuvo la primera medalla de plata a nivel nacional en la prestigiosa Cata de Vinos de San Juan, el certamen más antiguo del país. Dos años después, repitieron el logro con una variedad criolla, y el año pasado alcanzaron la gloria máxima con una medalla de oro y un puntaje de 93 sobre 100. Estos premios se obtienen en catas a ciegas, donde el "vinito de la escuelita" compite sin nombre contra las etiquetas más famosas de la industria privada. "Imagínate que son catas a ciegas. Vos te envuelven en la botella para que vos no la identifiques y no sabes si estás probando, un Rutini por ejemplo. Y claro está el vinito de la escuelita y recibir un premio a nosotros nos llenó de mucho orgullo", comenta eufórico el profesor.

Para Argüello, el mayor premio no son las medallas, sino la formación de sus alumnos. Cada año el plantel se renueva, y el docente debe capacitarlos desde cero en medio de la molienda, enseñándoles a manejar el refractómetro para controlar la maduración y a ser técnicos preparados para las exigencias del mercado actual. "La idea es formar y lanzar, formar y capacitar alumnos mucho más preparados para lo que está requiriendo hoy por hoy el mercado", afirma, reconociéndose a sí mismo como un "tipo muy creativo a la hora de hacer vino" que logra excelencia donde otros ven carencias.

 

 Juanito: El alma de la etiqueta

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El vino "Saavedra Wayin" no solo lleva el sabor de Rodeo en su interior, sino que también cuenta una historia de afecto en su etiqueta. Allí, envuelto en una copa y con la imponente Cordillera de los Andes de fondo, aparece Juanito, la mascota oficial de la escuela. Juanito es un "llamaco" (guanaco y llama) que fue rechazado por su madre al nacer y fue criado enteramente por los alumnos de la institución.

Con el tiempo, Juanito se convirtió en un personaje fundamental de la vida escolar, adoptando comportamientos casi humanos y entablando curiosas relaciones con otros animales de la granja, como la vaca Marta o las ovejas. "Juanito es la mascota insignia... es todo un personaje porque le busca el lío a la oveja, a la vaca Marta... ha adoptado mucho la personalidad de los humanos. Entonces, es nuestra estrella y va para todos lados", explica Argüello. Al diseñar la etiqueta, los alumnos y el profesor decidieron que no había mejor manera de representar la experiencia y el lugar que con la imagen de su compañero más fiel, logrando así "embotellar el lugar y la experiencia" en cada envase que sale de la escuela

 

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