
Gallinas, pollos y huevos de campo una apuesta por la producción natural
Victor Garcia
En la quietud de la mañana del 9 de julio, el aire en Las Tapias, Albardón, se siente distinto. El viento sopla suavemente, acariciando los rastrojos y trayendo consigo el aroma fresco de la tierra sanjuanina. Desde la finca, se puede ver de cerca las lomas en las Tapias, siluetas que vigilan el arduo trabajo de dos jóvenes que decidieron cambiar el asfalto por el campo. Allí, entre el cacareo de las aves y el sol naciente, late el corazón de Ponedoras del Alba, un emprendimiento que busca rescatar la esencia de lo natural.
La historia de Ponedoras del Alba no comenzó en un escritorio, sino en el deseo de recuperar los sabores de la infancia. Josemaría Rodríguez y Víctor Medina son los protagonistas de este relato. Ambos provienen del mundo del comercio urbano; Josemaría transitó por el derecho y las ventas, mientras que Víctor manejaba un kiosco con éxito hasta que un giro del destino le cerró una puerta y le abrió una tranquera. A pesar de sus raíces en la ciudad, siempre compartieron una pasión visceral por la naturaleza, dedicando sus tiempos libres al trekking y al kayak. Sin embargo, el desafío de la producción avícola era algo mayor.

"Ponedora del Alba es un proyecto que nace como algo muy chiquito y familiar. Queríamos hacer un producto bueno, que nos trajera el recuerdo de un huevo de campo, un huevo como comíamos antes, con una yema de calidad, una clara de calidad y con mucho calor", explica Josemaría mientras observa el predio donde hoy conviven cientos de aves. Agrega que “lo que queremos vender además de los huevos una historia, parte de la tradición”. Lo que empezó con un número reducido de gallinas para consumo familiar, pronto se convirtió en una demanda imparable entre amigos y conocidos, obligándolos a profesionalizarse y crecer.
Lo curioso de esta historia es la transformación personal de Josemaría. Quien hoy camina con total naturalidad entre nidos y plumajes, confiesa que en el pasado le tenía una fobia paralizante a las plumas. Verlo ahora, dedicado al cuidado minucioso de cada ejemplar, es el testimonio vivo de cómo la pasión por un proyecto puede vencer los miedos más profundos. Hoy, Josemaría no solo convive con las aves, sino que se preocupa por su bienestar con una dedicación casi paternal. En la finca y en sus acciones también está el recuerdo de su padre que lo llevó a aquerenciarse en el campo y los sistemas de producción primaria.
El trabajo en la finca no conoce de descansos. Estos dos jóvenes trabajan los 7 días de la semana, sin importar si es feriado o domingo. "Realmente nos gusta lo que hacemos. Es un cable a tierra esto. Lo disfrutamos mucho el estar todos los días con los animales, que es un esfuerzo tremendo porque es de lunes a lunes, feriado. Todos los días los animales siguen comiendo", relata Josemaría con la fatiga propia del deber cumplido. Víctor coincide, destacando que incluso cuando un animal se lastima, la preocupación es inmediata: "nos preocupamos por cada bichito que se lastimó, le damos el remedio que le tenemos que dar, lo curamos con lo que haya que curarlo y se recupera".

El modelo de producción de Ponedoras del Alba se basa en el respeto absoluto por el animal y el medio ambiente. No utilizan jaulas; sus gallinas son las llamadas "gallinas felices". "Sale al sol, come pasto, escarba y come bien. O sea, si la gallina ya no es feliz con todo eso, tiene un problema la gallina. Entonces son gallinas de campo, huevos de campo, pollos de campo, criados como sería en la naturaleza", explican con orgullo. Actualmente cuentan con 500 gallinas en postura, 200 en recría y una línea de pollos de campo de doble pechuga que pastorean libremente.
La sostenibilidad es otro pilar fundamental. En un rincón de la finca, se puede ver el ingenio aplicado al reciclaje. Los nidales están hechos con bidones de fertilizante recuperados, y los comederos con tarros de pintura descartados. Incluso los cartones de huevos provienen de panaderías y familiares que colaboran con la causa ecológica.
El éxito comercial ha sido rotundo, impulsado por el "boca en boca". El producto que ofrecen se diferencia del industrial por su carga nutricional, su sabor y su frescura. "El que lo consume sabe que no es un producto como el huevo clásico... tiene más omega y proteínas, cosas que no tiene el huevo industrial", señalan. La demanda es tal que a menudo se ven obligados a pedir disculpas a sus amigos porque la producción ya está comprometida con almacenes naturales y dietéticas fijas.
Mientras el sol termina de elevarse sobre la Loma de las Tapias en este 9 de julio, Josemaría y Víctor continúan su labor. Ponedoras del Alba no es solo una granja; es el sueño de dos jóvenes que demostraron que, con trabajo duro y respeto por la tierra, es posible emprender un camino sustentable, transformando incluso los miedos personales en una forma de vida que honra lo natural y lo artesanal.

Un proyecto a futuro
Josemaría y Víctor no se quedan solo en la producción tal cual está en este momento. Cuando se proyectan en el futuro aspiran incorporar al emprendimiento al circuito del turismo rural. Sin embargo, esta parte del proyecto se encuentra a la espera para su desarrollo, “todo es a pulmón”, dice Josemaría con la mirada puesta al frente esperando nuevos desafíos. Los dos jóvenes saben que el tiempo los consolidará en el sector y que hay que recorrer cada uno de los pasos para seguir adelante y hacerse grandes.


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