Una cruel realidad: El vino perdió espacio incluso en sus propias góndolas

El vino vive una crítica situación a la hora de la comercialización. El retroceso y la caída en el consumo se registran en todos los ámbitos. Incluso en sus propias góndolas de exhibición fue reemplazado por otros productos. Se conjuga una realidad cultural del momento y el poco peso que hoy tiene en las diferentes góndolas, que con el tiempo se van achicando
INDUSTRIA Y COMERCIO10/02/2026Victor GarciaVictor Garcia
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El vino pierde presencia en las distintas góndolas

El consumo tradicional del vino se encuentra en su etapa final. Jamás se volverá a los consumos per cápita record de 1970 cuando cada se alcanzó a los 91.8 litros. Desde ese momento, comenzó un lento retroceso atribuido a cuestiones culturales que fueron desde los cambios de hábitos de consumo hasta cuestiones económicas que llevaron a que en la actualidad se llegue escasamente a los 15.5 litros per cápita. Esto llevó a que las economías regionales que históricamente dependieron del vino analicen que es lo que pueden hacer para sobrevivir en medio de una competencia por ganar las voluntades de los consumidores en las góndolas. Gaseosas, cervezas, aguas saborizadas se encuentran lejos por encima del consumo de vinos y la industria vitivinícola, al menos la argentina, no encuentra ningún tipo de salidas para volver a recuperar el protagonismo. Algunos miran sus campos con añoranza pero saben que la realidad la situación es crítica y que llegará el momento en que tengan que achicar superficies o cambiar de rubro para seguir viviendo el campo, la otra es cerrar la tranquera y que el azar los lleve por los caminos de la vida.

El mejor ejemplo se observa, en este ejemplo, -ver foto-, donde en un exhibidor de vinos Colón, una de las marcas emblemáticas de San Juan, hay de todo menos productos de esta marca. Un frizze de una marca de Mendoza ocupa la parte superior y abajo un fernet. En ambos casos, productos que nada tienen que ver con los vinos tradicionales y que sin dudas son altamente demandados por los consumidores, en especial el segundo.

Tiempo atrás, un enólogo mendocino, que tiene su empresa en San Juan, me comentaba que en estos tiempos se tiene que estar atento a la producción de vinos de nicho, haciendo alusión a la moda pasajera de los vinos naranjo. Luego se tiene que virar a los antojos del consumo y de esa forma estar en permanente evolución. Hoy el vino tal cual lo tenemos internalizados los amantes de la bebida nacional, ha perdido todas sus credenciales, por lo que la industria tiene que trabajar en adaptarse y ser creativa con lo que pone en las góndolas.

El último intento por salvar los “trapos del vinos”, haciendo alusión a un término bien futbolero fue en 2013 cuando con una acción conjunta de las provincias, la Corporación Vitivinícola Argentina y el gobierno nacional se sancionó la ley 26870 que declaró al vino “Bebida Nacional”. En ese entonces el consumo estaba en los 25.1 litros, en la actualidad se perdió más de 10 litros con referencia a ese momento.  Para que esto ocurra, se buscó que el vino tenga protagonismo y uno de los mejores ejemplos fue el lanzamiento de la primera campaña publicitaria corporativa donde la Corporación Vitivinícola Argentina y el Fondo Vitivinícola de Mendoza, como unidades ejecutoras del Plan Estratégico Vitivinícola 2020 – PEVI 2020- pudieron a consideración de los argentinos “Vino Argentino, un buen Vino”, donde se hizo un interesante anclaje en los valores tradicionales de los argentinos, luego se reeditó la campaña pero estuvo lejos de tener el reconocimiento que tuvo la primera.

Sin embargo, todo quedó en un hecho aislado y con el tiempo fue un recuerdo histórico del vino. Las empresas vitivinícolas, salvo las más importantes de Mendoza y algunas de provincias emergentes como Neuquén o Salta- Cafayate- hicieron campañas individuales en los grandes centros de consumo, pero fueron absorbidas por las topadoras publicitarias de la cerveza y las bebidas cola. El resto se quedó sentado en un trono de un imperio viejo donde los adeptos no eran fieles seguidores de la corona sino un grupo de bufones que saltaban al ritmo del momento, buscando hacer que su negocio del momento siga tirando y en caso de no hacerlo salir a reclamar y pedir auxilio, como siempre lo hicieron, a Papá Estado. Es que con el discurso eterno de que la industria vitivinícola tiene un fuerte componente nacional, se lo utilizó como una excusa para que el sector siga pidiendo de manera eterna subsidios y ayudas y muy pocos esfuerzos hicieron para adaptar a la industria a los tiempos que corren.

En la actualidad, se propone una reconversión de unas 10 mil hectáreas en San Juan y hacer virar a la viticultura hacia la producción de pasas, mostos y uvas de mesa, que como commodities tienen un presente positivo si se miran las posibilidades de exportación, sin embargo algunos referentes del sector miran de reojo lo que se propone y critican todo, absolutamente todo lo que se propone, y no hacen ningún tipo de aporte que lleven a variar la situación de “terapia intensiva”, en la que se encuentra el vino sanjuanino que en este año 2025 tuvo una caída superior al 50% en los despachos que se destinaron al consumo interno.

A esto se suma, que los parrales o las viñas no están dando los rindes suficientes como para hacer a las unidades productivas en económicamente rentables. En muchos casos se quedaron con varietales viejos y siguen creyendo que con una mínima producción se pueden hacer vinos de altísima calidad, que respondan a los estándares de calidad más elevados y que pueda dejar satisfechos a los paladares más exquisitos del mundo, pero no tienen en cuenta que esos son un circulo cada vez más pequeño, cayendo en excentricidades que el mercado de consumo no entiende. Entre tanto, se consume cada vez menos vino y las góndolas están siendo ocupadas por otros productos.

La industria no reacciona y no busca a sus consumidores como lo hacen otros sectores. Se quedan en la crítica y de reacción no hablemos.

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