Desalinizar los ríos de San Juan: la propuesta que desafía el plan de traer agua desde Chile para Vicuña

La propuesta el ingeniero Luis Jiménez plantea desalinizar el agua de los ríos locales, en vez de traer desde el océano Pacífico. Esto tendría un impacto ambiental y productivo positivo para los departamentos de Jáchal e Iglesia
ECONOMÍA08/07/2026Victor GarciaVictor Garcia

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En el complejo escenario de la minería moderna y la gestión de recursos escasos, el "Proyecto Vicuña – Desalinización del Río Blanco y La Palca para mejorar la calidad del agua de Iglesia, Jáchal y Huaco- alternativa de suministro de agua desde el Pacífico " surge como una propuesta disruptiva.

Elaborado por el Instituto del Agua de la Facultad de Ciencias Químicas y Tecnológicas de la Universidad Católica de Cuyo (UCCuyo), bajo la conducción del profesor emérito ingeniero Luis Jimenez, el documento plantea un cambio de visión: en lugar de buscar agua en el océano, San Juan podría sanear sus propios ríos mientras abastece a la gran minería.

La problemática central gira en torno al proyecto cuprífero Vicuña, ubicado en el departamento Iglesia. Actualmente, la empresa contempla como opción principal desalinizar agua del Océano Pacífico, en territorio chileno, y transportarla a través de la cordillera. Sin embargo, el estudio del Instituto del Agua propone "desarrollar una alternativa a la propuesta de suministro de agua desde el Océano Pacífico", enfocándose en el tratamiento de los afluentes del río Jáchal, específicamente el río Blanco y el río de la Palca.

 

Mar vs. río: Un duelo de salinidad y altura

La comparación entre ambas opciones revela desafíos técnicos y económicos distintos a cada lado de la frontera. Por un lado, la opción chilena se enfrenta a un agua extremadamente hostil. Según el informe, el proyecto Vicuña propone desalinizar "1,2 m3/s del océano Pacífico que posee una concentración salina total aproximada de 35 g/l". Desalinizar agua de mar requiere una energía inmensa debido a esta altísima concentración de sales, pero el mayor obstáculo no es solo químico, sino geográfico.

La propuesta desde el lado chileno "implica grandes inversiones en bombeo y cañería de transporte a 4.000 metros de altura". Llevar agua desde el nivel del mar hasta las cumbres andinas supone un costo operativo y de infraestructura que, según el Ing. Jimenez, podría ser superior a la inversión necesaria para una planta de mayor envergadura en territorio argentino.

Por el contrario, la alternativa sanjuanina maneja volúmenes mayores pero con una "limpieza" inicial muy superior. El plan consiste en desalinizar la totalidad del río Blanco (3 m3/s) y una parte del río de la Palca, alcanzando un caudal total de 5 m3/s. La gran ventaja comparativa radica en que se trabajaría "a partir de una concentración máxima de 3,5 g/l de sales totales, frente a la alternativa de desalinizar 1,2 m3/s del océano Pacífico con concentración de 35 g/l". Es decir, el agua de los ríos de San Juan es diez veces menos salada que la del mar. El informe es tajante en este punto: "La alternativa de desalinizar desde el lado argentino implica mayores caudales pero menor concentración salina".

 

El factor Jáchal: más allá de la minería

Uno de los puntos más sólidos del documento es el beneficio colateral para la población local. Históricamente, el río Jáchal ha sufrido por los altos niveles de boro y sales de sus afluentes, lo que ha limitado severamente el desarrollo agrícola y la calidad del agua potable. El río Blanco es el principal responsable de este aporte negativo.

El Instituto del Agua advierte que, sin resolver este problema, el impacto del Embalse Cuesta del Viento seguirá siendo limitado. Actualmente, la salinidad del embalse actúa como un factor restrictivo, permitiendo el riego de solo unas 3.500 hectáreas de las 12.000 que tienen derecho de riego. La propuesta de desalinización local no solo abastecería a la mina, sino que entregaría un "efluente mezcla de baja salinidad total y con contenido de Boro dentro de las normas del Código Alimentario Argentino".

Técnicamente, el proceso se divide en dos etapas críticas. La primera se enfoca exclusivamente en el boro. Se estima que se podrían extraer unos "1.011 Kg/día" de boro del río Blanco. Para ello, se utilizaría tecnología de ósmosis inversa pulida con ajuste de pH, permitiendo que el agua pase de tener 3,9 mg/l de boro a niveles de entre 0,5 y 0,7 mg/l. La segunda etapa aborda la desalinización general, logrando que el río Jáchal pase de una salinidad de 2,5 g/l a una mezcla final de 1,4 g/l.

 

Análisis de costos: inversión para el desarrollo

La viabilidad económica es el eje que debe considerar la empresa Vicuña. El estudio detalla minuciosamente los costos de la alternativa argentina. Para la eliminación del boro, el costo procesando 3 m3/s se sitúa entre "0,8- 1 u$s/ m3", siendo la energía el rubro de mayor incidencia.

Para la planta de desalinización completa, que procesaría 432.000 m3/día (5 m3/s), se estima una "Inversión inicial estimada: u$s518.400.000" con un periodo de recuperación de capital a 25 años. Al sumar ambos procesos (eliminación de boro y desalinización general),el "CostoTotal:1,44us/ m3".

Aunque la cifra de inversión inicial parece elevada, el documento sugiere que debe compararse con los gastos de oportunidad y los beneficios de seguridad del proyecto en su vida útil, además de los ahorros en bombeo desde el Pacífico. Además, el beneficio social es incalculable: se podrían incorporar cultivos de alta rentabilidad como olivos, pistachos, vides, tomates y ajos, que hoy tienen su matriz limitada por el boro.

 

Una licencia social basada en el agua

El informe del Ing. Luis Jimenez concluye que esta propuesta trasciende lo técnico para entrar en el terreno de la ética corporativa. Al elegir sanear la cuenca del Jáchal en lugar de  traer agua de afuera, la empresa lograría un "efectivo impacto sobre la licencia social de la minería a cielo abierto", generando un acto genuino de responsabilidad social empresaria.

En última instancia, el proyecto busca cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 6) de la ONU, garantizando "agua limpia y saneamiento" para las comunidades de Iglesia y Jáchal. La desalinización de los ríos locales no es solo una alternativa logística para una mina; es la llave para el renacimiento agroindustrial del norte sanjuanino, transformando un limitante histórico en una ventaja competitiva para las generaciones futuras.

 

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