“La minería no puede ser una isla”: el desafío de transformar recursos en desarrollo

Diego Coatz aseguró que la riqueza minera representa una oportunidad histórica para Argentina, pero advirtió que el verdadero éxito dependerá de la capacidad de integrar a proveedores locales, generar empleo de calidad y evitar el avance de la informalidad laboral.
MINERÍA12/06/2026Victor GarciaVictor Garcia

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Foto Gentileza Ambito Financiero

En el complejo escenario económico argentino, pocos analistas poseen una visión tan ligada al pulso de la producción como Diego Coatz. Con más de dos décadas de trayectoria, ex Director Ejecutivo de la Unión Industrial Argentina (UIA) y actual director del think tank I+D (Industria y Desarrollo), Coatz es un especialista en desarrollo productivo que no solo observa los números, sino que camina las fábricas. En su reciente visita a San Juan, su diagnóstico actual es claro y contundente: Argentina ha logrado finalmente un consenso sobre la necesidad de estabilidad macroeconómica, pero se encuentra en un punto de inflexión donde el equilibrio fiscal no es suficiente para evitar el estancamiento social.

Para Coatz, el país está atravesando una transformación estructural que se manifiesta en una economía de "dos velocidades". Mientras sectores vinculados a los recursos naturales como la minería, el agro y la energía traccionan la actividad, el corazón del empleo formal —la industria, la construcción y el comercio— enfrenta una caída preocupante. En este contexto, el economista propone un "consenso productivo" que integre la riqueza del subsuelo con la capacidad instalada de sus talleres y el talento de su clase media.

 

El fin de la ilusión: Estabilidad no es desarrollo

Durante décadas, el debate público argentino estuvo centrado en cómo frenar la inflación y evitar las crisis de balanza de pagos. Coatz reconoce que esa etapa parece estar cerrándose, no porque los problemas hayan desaparecido, sino porque existe un acuerdo social y político inédito sobre el orden macro. “En la Argentina se fue construyendo un consenso respecto de la estabilidad macroeconómica. Después de tantos años de inflación alta, crisis recurrentes, cepos, brechas cambiarias y problemas para acumular reservas, hoy existe bastante acuerdo en que la estabilidad es una condición necesaria”.

Sin embargo, el economista advierte sobre el riesgo de caer en la "trampa latinoamericana": lograr cuentas ordenadas pero con una economía estancada y socialmente fracturada. “La estabilidad por sí sola no genera desarrollo. Ese consenso todavía necesita incorporar una agenda de crecimiento. Porque la trampa latinoamericana es justamente esa: estabilizar, bajar la inflación y ordenar las cuentas, pero sin lograr aumentos sostenidos de productividad ni crecimiento económico”. Para Coatz, la estabilidad es apenas el cimiento, pero el edificio de la prosperidad requiere una arquitectura productiva.

 

La minería como llave, pero no como isla

En su análisis sobre el potencial extractivo, especialmente en provincias como San Juan, Coatz ve una "bendición" y una ventana de oportunidad impulsada por la transición energética y la demanda global de cobre. No obstante, es tajante al desmitificar la idea de que los sectores primarios pueden, por sí solos, absorber la mano de obra que hoy expulsa la industria urbana.

Frente a la teoría de que los empleos perdidos en el Conurbano se crearán mágicamente en la Cordillera, el economista responde con frialdad estadística: “No, no va a ocurrir de esa manera. Las estadísticas muestran que hoy hay más destrucción de empleo que destrucción creativa. Eso no quiere decir que los recursos naturales no sean una enorme oportunidad. Pero para que generen más empleo se necesita desarrollar una red de proveedores y servicios con valor agregado”.

La minería debe ser, según su visión, el motor de un ecosistema mucho más amplio. “Obviamente el gran desafío es aprovechar esta bendición de tener recursos naturales. Primero que se concreten los proyectos y empecemos a exportar minerales y después que eso traccione al crecimiento económico en general y a los proveedores en particular”. En su visión, el éxito de la minería no se mide solo en toneladas exportadas, sino en la cantidad de pymes nacionales que logran integrarse a su cadena de valor.

 

Hacia un "RIGI para proveedores": El modelo de Australia y Noruega

Uno de los puntos centrales del pensamiento de Coatz es la necesidad de una política activa para fortalecer a las empresas locales. Si bien considera que el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) fue un “parche necesario para resolver problemas de financiamiento y competitividad”, cree que es urgente volcar la mirada hacia los que proveen tecnología, maquinaria y servicios a esos grandes proyectos.

“Se tiene que pensar un RIGI para los proveedores de forma urgente. Los proveedores aguas arriba y los que pueden agregar valor, por ejemplo, transformar el gas en petroquímica o en urea o en diferentes productos plásticos para la exportación requieren esos sectores también tener esquemas de incentivos como está haciendo todo el mundo”. Coatz pone como ejemplo los modelos de Australia, con sus servicios mineros (METS), o Noruega, que han sabido combinar financiamiento, transferencia tecnológica y coordinación público-privada para que los recursos naturales no sean un enclave, sino un eje de desarrollo industrial.

Para el director de I+D, Argentina ya posee una base de proveedores industriales competitivos, pero el Estado debe actuar como facilitador. “Aguas arriba y aguas abajo tenemos que hacer una política de desarrollo de los recursos naturales”, sostiene, enfatizando que se requieren institutos de tecnología y sistemas de liderazgo que articulen a las grandes operadoras con las pymes locales.

 

Competir en un mundo "en problemas"

Coatz no es ajeno al contexto geopolítico actual, al que califica sin rodeos. Su análisis advierte que la Argentina no puede aplicar recetas de apertura ingenua cuando las principales potencias globales están haciendo lo contrario. “Hoy las empresas no compiten contra otras empresas, sino también contra Estados que subsidian, financian y protegen sectores estratégicos”.

Citando informes de la OCDE, señala que en potencias como China, gran parte de la ganancia de mercado se explica por transferencias directas del Estado o créditos baratos. Por ello, aboga por una "política comercial inteligente" que proteja al productor local de la competencia desleal y el dumping. “Necesitamos una Aduana que no frene todo, pero que controle el contrabando, establezca valores de referencia y aplique políticas antidumping cuando corresponda”. Según su visión, importar productos subsidiados no es libre comercio, es "importar subsidios" que destruyen capacidades productivas locales construidas durante décadas.

 

El riesgo de la informalidad y la pérdida de la clase media

El mayor temor de Coatz es que Argentina pierda su rasgo distintivo en la región: una clase media amplia y una base de empleo formal de alta productividad. El economista observa con preocupación cómo el empleo que se pierde en la industria o el comercio no se traslada a sectores más modernos, sino a la precariedad.

“Los empleos que se pierden en la industria o en el comercio formal no terminan en sectores de alta productividad... Muchas veces terminan en una feria, en la venta ambulante, en trabajos por cuenta propia de baja escala o en aplicaciones. Lo que vemos es que empleos de peor calidad van ocupando el lugar de empleos de mejor calidad”. Esta transición hacia la informalidad achica la base tributaria y deteriora el tejido social.

Para evitar este destino de país "estable pero sin progreso", Coatz insiste en que el consenso productivo debe ser la prioridad. “Argentina está llegando a un punto de inflexión. La industria necesita recuperar dinamismo y hay sectores del comercio y los servicios que tienen que volver a crecer. Si no, nuestro destino es ser un país típico de América Latina, estable pero sin progreso social”.

La propuesta de Diego Coatz es, en definitiva, un llamado a la acción estratégica. Unir la estabilidad macroeconómica ya consensuada con una política industrial y minera que potencie a los proveedores locales, fomente la inversión en I+D y proteja el trabajo argentino en un mundo hostil. Solo así, sostiene, la Argentina podrá dejar de ser una promesa de recursos para convertirse en una realidad de desarrollo

 

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