Importaciones en alza: el comercio sanjuanino gana competitividad mientras la industria siente el golpe

Con un crecimiento cercano al 30% en las importaciones, los comercios sanjuaninos ganan competitividad y ofrecen precios más bajos, pero la industria nacional pierde terreno, empleo y capacidad de producción frente a una competencia cada vez más desigual.
13/01/2026Victor GarciaVictor Garcia
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Las importaciones agilizan el consumo pero afectan duramente a la industria nacional

El fuerte incremento de las importaciones, que a nivel país ya ronda el 30% interanual, empezó a reconfigurar con fuerza el mapa del comercio en San Juan. En un escenario de consumo interno deprimido y caída de ventas, los comerciantes locales encontraron en los productos importados una vía para sostener la actividad, ofrecer precios más bajos y atraer a un consumidor cada vez más sensible al bolsillo. Pero esa misma estrategia que oxigena al sector comercial es la que hoy pone en jaque a buena parte de la industria nacional.

En la práctica, la apertura de las importaciones permitió que al país ingresen bienes considerablemente más baratos que los fabricados localmente. La brecha se explica por una combinación de factores que pesan sobre la producción argentina: carga impositiva elevada, costos laborales altos y tarifas de servicios que encarecen la estructura de costos. Frente a ese panorama, la mercadería importada aparece como una alternativa casi inevitable para muchos comercios.

“Hoy el 50% de los productos que se venden en algunos rubros son importados, sobre todo en ropa y calzado”, aseguró Marcelo Quiroga, presidente de Comerciantes Unidos, quien además remarcó que el fenómeno tiene una penetración aún mayor en departamentos como Rawson y Chimbas, donde el consumo es más sensible al precio. Allí, la oferta importada no solo ganó espacio en las góndolas, sino también en las vidrieras, desplazando a marcas y productos de origen nacional.

A este escenario se le suma un problema adicional: la informalidad. Parte de la mercadería que ingresa al circuito comercial lo hace por canales irregulares, sin pagar impuestos ni tributos, lo que profundiza la competencia desleal frente a quienes sí cumplen con sus obligaciones fiscales. Para los comerciantes formales, esto genera una presión extra sobre los márgenes y obliga a ajustar aún más los precios para no perder clientes. Hoy los principales países a los que se va a buscar mercadería son Bolivia, Chile y Paraguay.

Sin embargo, desde el sector comercial reconocen que el ingreso de productos importados tiene un efecto directo y positivo sobre el consumidor. “La mercadería más barata permite que la gente pueda comprar más y sostener el consumo”, explicó Quiroga. En un contexto donde los ingresos están ajustados y las familias priorizan gastos básicos, el precio termina siendo el factor decisivo, incluso por encima del origen del producto.

Una visión similar expresó Hermes Rodríguez, presidente de la Cámara de Comercio de San Juan, quien admitió que para los importadores y para buena parte del comercio, la llegada de mercadería más económica mejora la competitividad. No obstante, también fue claro al advertir que el mayor impacto negativo lo sufre la industria nacional, que pierde mercado frente a productos que llegan al país con costos sensiblemente más bajos.

El problema no se limita a la indumentaria o al calzado. En sectores como el alimenticio, la competencia también se siente con fuerza. Un ejemplo que se repite entre empresarios sanjuaninos es el del tomate industrial: en muchos casos resulta más barato importar pasta de tomate desde China que comprar producción nacional, afectando directamente a economías regionales y a fábricas que dependen de la materia prima local.

El riesgo de este proceso es estructural. La industria es uno de los principales generadores de empleo en Argentina y en provincias como San Juan cumple un rol clave en la estabilidad social. Cuando una fábrica cierra o reduce su producción por no poder competir, se pierden puestos de trabajo, y esos trabajadores sin ingresos reducen su consumo, lo que a su vez impacta en el propio comercio que hoy se beneficia de los precios bajos.

Así, el incremento de las importaciones plantea una paradoja económica: mientras los comercios logran sobrevivir gracias a productos más baratos y el consumidor encuentra alivio en los precios, la base productiva del país se debilita. En el mediano plazo, esa ecuación puede volverse insostenible si no se corrigen las distorsiones de costos que hoy hacen casi imposible que la industria argentina compita en igualdad de condiciones. Tal cual ocurrió en la década del 90 del siglo pasado con el gobierno de Carlos Saúl Menen.

En San Juan, donde conviven un entramado comercial activo y una industria que genera miles de empleos, el desafío pasa por encontrar un equilibrio. Un modelo que permita que el consumidor acceda a precios razonables sin que eso implique la destrucción del tejido productivo local, porque cuando la industria cae, el impacto termina llegando, inevitablemente, a todo el sistema económico.