Alerta exportadora en San Juan: la restricción francesa preocupa más por su efecto contagio que por el impacto directo
Victor Garcia
La reciente decisión del gobierno francés de prohibir el ingreso de uva de mesa y otros productos frutihortícolas de Sudamérica por la presencia de residuos de fitosanitarios encendió luces amarillas en el sector exportador de San Juan. Si bien Francia no representa un destino relevante para las ventas externas de la provincia, la verdadera inquietud pasa por el posible “efecto imitación” que la medida podría generar en otros mercados europeos donde sí existen clientes consolidados.
La resolución, anunciada por el primer ministro Sébastien Lecornu, establece una política de tolerancia cero frente a residuos de sustancias como mancozeb, glufosinato, tiofanato-metil y carbendazim, aun cuando la Unión Europea fija límites máximos permitidos para varios de estos productos. La decisión alcanza a uvas, manzanas, cítricos, aguacates, mangos y guayabas, y se aplicará de manera inmediata.
Desde la óptica sanjuanina, el impacto comercial directo es acotado. “Francia no mueve la aguja en términos de exportaciones frutihortícolas de San Juan”, explicó Gonzalo Huertas, vicepresidente de la Cámara de Comercio Exterior de San Juan. Sin embargo, el foco de preocupación se corre rápidamente hacia el resto de Europa, donde la logística y la comercialización funcionan de manera integrada.
¿Salud o proteccionismo?
Huertas planteó una mirada crítica sobre la decisión francesa y puso en duda que se trate exclusivamente de una medida sanitaria. Según su análisis, Francia adoptó un criterio más restrictivo que el del propio bloque europeo, en un contexto marcado por tensiones internas en su sector agropecuario.
El agro francés atraviesa una crisis profunda, especialmente en regiones vitivinícolas, con sobreproducción y caída del consumo mundial de vinos. Estas barreras terminan funcionando como una forma indirecta de protección o subsidio a su producción. En ese marco, la política de tolerancia cero aparece más ligada a un conflicto interno que a un riesgo concreto para la salud de los consumidores.
El temor al efecto dominó en Europa
Aunque el volumen exportado a Francia sea marginal, los exportadores sanjuaninos advierten que la medida puede sentar un precedente peligroso. El principal riesgo es que otros compradores europeos, como los de Alemania u otros países del norte del continente, comiencen a exigir el cumplimiento de la norma francesa para evitar inconvenientes en la redistribución interna de mercadería por el mercado común.
“Europa funciona como un gran mercado integrado. Un cliente puede cumplir la norma comunitaria, pero si sabe que Francia impone tolerancia cero, puede trasladar esa exigencia al proveedor”, explicó Huertas. En ese escenario, una decisión unilateral podría transformarse, de hecho, en un nuevo estándar comercial.
Además, el alcance de la restricción podría ampliarse. Hoy la medida afecta a la uva de mesa, pero no se descarta que en el corto plazo se extienda a productos industrializados como la pasa de uva, uno de los complejos exportadores más importantes para San Juan. La mayor preocupación se centra en la posibilidad de que la medida restrictiva sea extensiva para la pasa, que en la actualidad es uno de los principales productos exportables de la cadena vitícola sanjuanina con más de 79 millones de dólares, de acuerdo a datos oficiales del gobierno de San Juan.
Un golpe en plena cosecha
El momento elegido para aplicar la restricción agrava el impacto. San Juan se encuentra en plena cosecha y los tratamientos fitosanitarios ya fueron realizados bajo las normas vigentes hasta ahora. Pasar a un esquema de “residuo cero” de manera inmediata es, en la práctica, imposible para esta temporada.
Esto genera dos consecuencias inmediatas. Por un lado, un aumento significativo de los costos, ya que las empresas deberán realizar análisis químicos más exhaustivos antes de exportar. Por otro, el riesgo de perder mercados. “Un año fuera de un mercado puede significar perderlo para siempre", advirtió Huertas, remarcando que construir confianza internacional lleva años y fuertes inversiones.
Expectativa por la intervención de la Cancillería
Frente a este escenario, desde la Cámara de Comercio Exterior de San Juan consideran clave una intervención urgente de la Cancillería argentina. El objetivo central es negociar plazos de adecuación razonables, acordes a los ciclos productivos y biológicos de los cultivos, que permitan cumplir con nuevas exigencias sin destruir campañas enteras.
Más allá del impacto puntual en Francia, el episodio deja en evidencia la fragilidad de los equilibrios comerciales y cómo una decisión política en un país puede alterar, por imitación, la actitud de clientes en toda la Comunidad Económica Europea. Para San Juan, el desafío no es solo sortear una barrera específica, sino evitar que se transforme en una tendencia que complique el acceso a mercados estratégicos de Europa.

