El fenómeno de El Niño en San Juan: claves agrometeorológicas para anticipar el impacto en los cultivos y proteger la finca

Análisis técnico del ingeniero Cristian Albors sobre el comportamiento térmico, la redistribución de las lluvias estivales, la previsión del granizo y las labores preventivas prioritaria en el predio agrícola.
PRONÓSTICO DEL TIEMPO03/11/2026Victor GarciaVictor Garcia

Rio San Juan actual

La campaña agrícola en la provincia de San Juan se encamina hacia un ciclo singular marcado por la presencia del fenómeno de El Niño. Lejos de caer en discursos alarmistas, el análisis técnico desde la agrometeorología invita a comprender cómo interactúan las variables climáticas con la producción local y qué decisiones estratégicas deben tomarse a tiempo en el campo. De acuerdo con las observaciones del ingeniero Cristian Albors, docente e investigador agrometeorológico, y miembro de la cátedra de Agrometeorología de Agronomía de la UNSJ, la clave para atravesar esta temporada no reside en el temor, sino en la anticipación, la preparación de la infraestructura predial y la consulta constante a los organismos oficiales de monitoreo.

Un ciclo agrícola diferente: la lección del pasado ante El Niño

Cada verano atravesado por un fenómeno de El Niño presenta rasgos propios y singulares. Tal como destaca el ingeniero Cristian Albors, la premisa fundamental en agrometeorología sostiene que es preciso estudiar el pasado para entender el futuro cuando este se haga presente. Al examinar los registros históricos de la región —que se computan formalmente desde la década de 1950—, sobresalen antecedentes de eventos muy fuertes en los veranos de 1997-1998 y 2015-2016, además de el Niño moderado transitado en el ciclo 2023-2024.

A diferencia del histórico evento de finales de los noventa, cuando los cauces del río San Juan corrían de orilla a orilla tras nevadas excepcionales en la alta cordillera, la provincia cuenta hoy con una realidad de infraestructura hídrica distinta. San Juan dispone actualmente de dos diques adicionales en su sistema de embalses en comparación con la temporada 1997-1998, lo que otorga una capacidad superior para regular los derrames y administrar la oferta de agua de deshielo en los canales de riego.

“Cada fenómeno del Niño y cada verano atravesado por un fenómeno de el Niño, más allá de la escala que alcance, es diferente. Nosotros estudiamos el pasado para entender el futuro cuando se haga presente.” ― Ing. Cristian Albors

Comportamiento térmico y de precipitaciones: qué esperar en los valles sanjuaninos

El análisis de los datos históricos de veranos con Niño muy fuerte revela patrones específicos en las temperaturas y la distribución de las lluvias que derriban varios mitos difundidos en el sector agrícola.

Moderación de temperaturas y desarrollo de grados día

Contrariamente a la creencia de que El Niño genera olas de calor ininterrumpidas, las estadísticas indican que las temperaturas máximas extremas tienden a suavizarse levemente. Esta moderación incrementa la cantidad de días con temperaturas dentro del rango óptimo para el desarrollo vegetal. En los eventos de El Niño muy fuerte analizados por la Cátedra Agrometeorológica, la variación en el acumulado de grados día representó un incremento positivo de apenas un 4% sobre el promedio habitual de 3.200 grados día por temporada. No obstante, las olas de calor seguirán manifestándose en los meses estivales con duraciones e intensidades variables.

Por otra parte, la reciente primavera presentó jornadas frescas y nubladas atribuibles a un fenómeno de bloqueo atmosférico, en el que un frente frío estacionado entre el sur de Buenos Aires y la Península de Valdés envió vientos frescos al continente que se combinaron con la mayor oferta de humedad que aporta El Niño. Desde la perspectiva agronómica, este ambiente moderó la temperatura y benefició el desarrollo radicular en cultivos como el tomate previo a la formación de canopia, aunque provocó clorosis y síntomas de desequilibrio nutricional en cultivos como la vid.

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Redistribución de las precipitaciones de verano

Respecto a las lluvias acumuladas entre octubre y marzo, la dinámica estival de El Niño en San Juan no necesariamente incrementa de forma desmedida el volumen anual total, sino que altera sensiblemente su distribución mensual a lo largo de las distintas etapas de la temporada:

·         Inicio de temporada (Octubre y Noviembre): Las precipitaciones se mantienen dentro de los promedios normales históricos, lo que permite un desarrollo inicial de los cultivos sin anomalías hídricas severas ni interrupciones operativas.

·         Trimestre crítico estival (Diciembre, Enero y Febrero): Concentra el acumulado promedio habitual de 52 mm, pero con una fuerte redistribución en eventos pluviométricos intensos y copiosos. Por ejemplo, en el ciclo 1997-1998 llovió intensamente en diciembre y febrero mientras que enero fue seco; en contraste, en el evento 2015-2016 diciembre resultó seco pero febrero elevó sus precipitaciones de 22 mm a 30 mm.

·         Cierre de temporada (Marzo): Se registra un retorno a los valores promedio normales de salida de verano, acompañando la etapa final de maduración y recolección en chacras y viñedos.

La experiencia demuestra que el volumen total de agua caída en los tres meses centrales suele rondar los 52 mm promedio, pero su distribución concentrada en períodos acotados es el factor que exige máxima atención operativa en el predio agrícola.

Tormentas y granizo: mitos, radares y ventanas de tiempo

El temor a las tormentas graniceras genera habitual inquietud entre los productores sanjuaninos. Albors aclara, citando los principios señalados por el meteorólogo Pedro Mazza, que para la formación de tormentas estivales graniceras deben conjugarse dos factores principales: el aporte de humedad —transportado por el viento norte en los valles locales— y un marcado calentamiento de la superficie del suelo que impulse masas de aire caliente hacia capas superiores frías.

Es fundamental comprender que no existe capacidad técnica para predecir con semanas o meses de anticipación si un verano tendrá mayor o menor presencia de granizo. Mediante el uso de radares meteorológicos, la confirmación de si una tormenta posee potencial granicero solo puede obtenerse con una antelación máxima de 3 horas. Asimismo, los registros históricos muestran que la temporada con mayores daños por granizo registrada en los últimos doce años (desde 2014 a la fecha) ocurrió en 2017 —recordando eventos severos como la tormenta del 30 de enero entre la Quebrada de las Flechas y 9 de Julio sobre zonas de tomate industria— y no correspondió a un año transitado por el fenómeno de El Niño.

4. Guía de prevención en el campo: tareas operativas en la finca

Frente a la probabilidad de precipitaciones copiosas y mayor humedad atmosférica, la agrometeorología enfatiza que el temor paraliza, mientras que la planificación operativa protege el rendimiento agrícola. Como suele ilustrar la titular de la cátedra de climatología agrícola de la Universidad Nacional de San Juan, Adriana Caretta, trabajar en la agricultura desde la agrometeorología se asemeja al manejo de una consola de sonido: hay perillas que deben subirse (como la infraestructura, la puesta a punto de maquinaria y la prevención sanitaria) y otras que deben bajarse (como la frecuencia de riego) según las condiciones específicas de cada año.

Mantenimiento de infraestructura de drenaje

·         Limpieza y nivelación de callejones: Nivelar y despejar los callejones internos de la finca para evitar anegamientos que bloqueen el paso del personal, tractores o camiones en momentos decisivos de la cosecha.

·         Desmalezado de acequias y desagües: Verificar que los colectores principales y canales de desagüe estén totalmente libres de sedimentos y malezas para evacuar con rapidez los excesos de agua de correntada.

Manejo y regulación del riego agrícola

·         Readecuación de láminas y turnos: Ante la combinación de lluvias intensas y mayores derrames de los ríos por el agua de nieve, el productor debe ajustar la frecuencia y volumen del riego programado para prevenir el encharcamiento prolongado del suelo y evitar la asfixia de raíces en el cultivo.

Mantenimiento preventivo de maquinaria

·         Puesta a punto anticipada: Inspeccionar y probar tractores y pulverizadoras semanas antes de las precipitaciones estivales. Durante el invierno las mangueras de las pulverizadoras tienden a resecarse y los picos a obstruirse; su revisión oportuna evita reparaciones de emergencia tras una lluvia copiosa cuando los suelos están intransitables.

Estrategia fitosanitaria y ventanas de aplicación

·         Prevención de enfermedades fúngicas: La presencia simultánea de alta humedad ambiental y temperaturas cálidas genera un escenario óptimo para el desarrollo acelerado de hongos como el oídio en los viñedos.

·         Priorizar tratamientos preventivos: Es indispensable realizar aplicaciones preventivas antes de la aparición del foco infeccioso. Si lluvias torrenciales anegan el terreno, el tractor no podrá ingresar por varios días, perdiéndose la ventana de intervención curativa. Hoy muchos están optando por el uso de drones.

5. La consulta a fuentes oficiales y el monitoreo continuo

La correcta toma de decisiones en el ámbito agrícola exige basarse en datos rigurosos y evitar rumores desinformativos. Cristian Albors subraya la obligación de consultar de forma permanente las fuentes oficiales y mantener una observación atenta sobre el terreno:

·         Servicio Meteorológico Nacional (SMN): Seguir de cerca los informes diarios y el sistema de alertas tempranas para anticipar tormentas o cambios bruscos de temperatura.

·         Defensa Civil y Comités de Coordinación: Atender las recomendaciones y avisos de contingencia emitidos por los organismos provinciales de seguridad e infraestructura.

·         Monitoreo directo en la finca: Recorrer continuamente los cuadros y cultivos para detectar los primeros síntomas de estrés sanitario, evaluar la humedad del perfil del suelo y determinar el momento justo para ingresar a realizar labores culturales.

El conocimiento agrometeorológico acumulado sobre el fenómeno de El Niño ofrece una herramienta invaluable: la posibilidad de no ser sorprendidos en el campo y actuar con profesionalismo preventivo ante cualquier evento climático.

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