Heladas: controles pasivos para reducir el riesgo de daños en los cultivos
Victor Garcia
Los daños se visualizan en los brotes tiernos, sobre todo en vides
Ante períodos de descenso de temperatura y riesgo de heladas, las condiciones existentes dentro de una finca pueden influir sobre la magnitud del daño en los cultivos. El informe sobre controles pasivos elaborado por el ingeniero agrónomo Cristian M. Albors, de la Cátedra de Climatología Agrícola de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de San Juan, analiza distintos factores que deben ser considerados por los productores.
Desde el punto de vista meteorológico, se considera que ha helado cuando la temperatura del aire dentro de la casilla meteorológica ubicada a 1,50 metros de altura desciende por debajo de 0 °C. Desde el punto de vista agrometeorológico, en cambio, "se considera que ha helado cuando la temperatura del aire, por debajo de los 0°, ha descendido a tal punto que ha producido daño en los órganos vegetales".
El documento señala que las heladas se caracterizan por la época de ocurrencia, su magnitud, duración, velocidad de descenso, frecuencia y origen. En San Juan, las heladas de otoño perjudican principalmente a cultivos hortícolas como tomate y pimiento, además de las aceitunas. Las de primavera afectan principalmente a la fruticultura y son las denominadas heladas tardías, que producen los mayores daños económicos en la región, que son las que se registraron esta temporada y que han dañado sobre todo a varietales de uvas de mesa, para pasas y algunas para vinificar. También hubo daños en algunos cultivos de olivos y afectación importante en cultivos de hojas, de acuerdo a los datos aportados desde la Dirección de Contingencias Climáticas del gobierno de San Juan. La realidad es que las proyecciones indican que durante este fin de semana las temperaturas nuevamente podrían caer por debajo de cero grado y por consiguiente volver a atacar a los cultivos. Los daños se hicieron más notables porque hubo vientos zonda que adelantaron la brotación.
El origen también es determinante
El informe distingue entre heladas por advección, producidas por el ingreso de una masa de aire frío; por irradiación, debido al enfriamiento de las masas de aire cercanas al suelo; y mixtas, que combinan ambos mecanismos. Estas características condicionan el método de defensa que puede emplearse.
El estado del suelo
De acuerdo a lo que expresa el documento del ingeniero Albors, el estado del suelo puede magnificar el descenso térmico producido durante una noche de helada. Sus características físicas influyen tanto sobre su propia temperatura como sobre la de los primeros estratos de aire. Además, durante el día el suelo puede almacenar calor que luego es devuelto hacia la superficie durante la noche.
La textura es uno de los factores a considerar. Los suelos arenosos contienen naturalmente menos agua que los arcillosos y tienen mayor proporción de aire en sus poros. Esto reduce el flujo de calor hacia la profundidad y el almacenamiento térmico durante el día, pudiendo generar temperaturas mínimas más extremas.
Por este motivo, el informe advierte que en propiedades ubicadas sobre suelos de origen eólico, como médanos, o en márgenes de ríos, puede aumentar la magnitud de las heladas y el riesgo de daños sobre los cultivos.
También resulta fundamental el contenido de agua. Entre dos parcelas con el mismo tipo de suelo, la más seca tendrá más poros ocupados por aire y una menor capacidad para almacenar calor en profundidad. Cuando los poros contienen agua, esta favorece la absorción y acumulación del calor solar durante el día.
Por eso, el documento señala que "resulta fundamental que el suelo se mantenga lo más próximo posible a su capacidad de campo durante el período de riesgo de heladas".
El suelo arado también puede incrementar el riesgo
El informe indica que ensayos realizados muestran diferencias de temperatura de hasta 3 °C entre un suelo arado y uno no arado durante una noche de helada. El suelo arado presenta mayor aireación y menor humedad, almacena menos calor en profundidad y aumenta la pérdida de energía por irradiación.
Una práctica mencionada para compactar el suelo es el riego por inundación, ya que el agua disuelve los terrones, rellena los espacios vacíos y favorece el aplanamiento de la superficie.
Malezas, abonos verdes y campos vecinos
En viñedos y montes frutales, las malezas y los abonos verdes pueden actuar como elementos enfriantes durante los períodos de riesgo. Impiden que la radiación solar llegue al suelo, reducen el almacenamiento de calor en profundidad y elevan el nivel donde se producen las temperaturas mínimas durante la noche. Además, la transpiración contribuye al enfriamiento del aire.
Por ello, el informe recomienda que durante los períodos de riesgo "los abonos verdes y las malezas" se mantengan "lo más bajas posible", para facilitar la llegada de los rayos solares al suelo durante el día y reducir la proximidad de masas de aire frío a los órganos sensibles de las plantas.
La vegetación natural ubicada en campos vecinos también puede generar problemas. Los viñedos que limitan con sectores donde existen plantas de gran altura, como zampas o pichanas, pueden recibir aire enfriado desde esas áreas. Cuanto más densa y elevada sea la vegetación, mayor puede ser el espesor de la capa de aire frío que drena hacia el cultivo.
Para evitar este efecto, el documento recomienda eliminar esa vegetación en una franja alrededor del límite de la propiedad, permitiendo que la radiación solar llegue al suelo y evitando la acumulación de aire frío dentro de la masa vegetal.
Cortinas forestales y sistema de conducción
Las trincheras forestales densas también pueden modificar el comportamiento del aire frío. En terrenos con pendientes superiores al 1,5%, cuando están ubicadas normalmente a la pendiente pueden producir un endicamiento del aire frío.
Esto puede generar una situación diferente según la ubicación del cultivo: los sectores situados por encima de la trinchera pueden quedar dentro de acumulaciones de aire frío, mientras que los ubicados por debajo pueden resultar protegidos. El informe menciona como ejemplos las hileras de olivos, las trincheras densas de álamos y el arbolado público.
Ante estas condiciones, recomienda ralear las cortinas y limpiar los troncos, retirando follaje hasta aproximadamente 2,5 metros de altura para permitir "el escurrimiento de aire frío por la base de los árboles".
El sistema de conducción de los viñedos y la altura de formación de los frutales también influyen sobre el daño. Durante la noche, los estratos de aire cercanos al suelo son los más fríos y, a medida que aumenta la altura, las temperaturas se incrementan, generándose una inversión térmica nocturna.
Por esta razón, los viñedos conducidos en espaldera están más expuestos al peligro que aquellos en parral, debido a que la vegetación se encuentra más próxima al suelo. En algunos frutales de baja altura también pueden registrarse daños más severos en la parte inferior de la planta.
El informe plantea que estos factores deben ser considerados al momento de planificar nuevas plantaciones, ya que "una elección correcta puede contribuir a disminuir los posibles efectos de las heladas sobre los cultivos, reduciendo el riesgo de daño y mejorando la resiliencia productiva".
Cuando las heladas ocurren en etapas avanzadas del ciclo del cultivo y existe una importante expresión vegetativa, el punto donde se registra la temperatura mínima puede cambiar. En esas condiciones, puede ubicarse en la parte superior de los parrales y en el tercio superior de las plantas frutales, debido a la interacción entre la masa foliar y la dinámica del aire frío.
Control pasivo antes del control activo
El informe diferencia estas medidas de los métodos de control activo, que requieren inversión, planificación previa, combustible y un diseño apropiado. Entre ellos menciona la ventilación, el riego por aspersión y la combustión.
Antes de optar por esas alternativas, el documento recomienda evaluar el impacto de las heladas sobre la rentabilidad de la propiedad y determinar si su implementación resulta económicamente viable y puede ser amortizada por los beneficios obtenidos.
De esta manera, el control pasivo se basa en el conocimiento de las características de cada propiedad y en prácticas que permitan reducir las condiciones que favorecen el enfriamiento. El estado del suelo, su humedad, la presencia y altura de la vegetación, las cortinas forestales y el sistema de conducción forman parte de los factores que el productor puede analizar durante los períodos de riesgo.
El informe fue elaborado por el ingeniero agrónomo Cristian M. Albors y tomó como referencias la obra Adversidades agrometeorológicas de Mendoza, de A. Ortiz Maldonado, y los fundamentos teóricos de la Cátedra de Climatología Agrícola de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de San Juan.

